Sarah Ardite y Tania Adam – Barcelona | Publicado el 27 de octubre de 2016
Cuando se trata de hablar del continente africano siempre saltan los estereotipos y prejuicios, y cada vez somos más los que estamos cansados de este enfoque. Ese desgaste está moviendo a muchas personas a hacer cosas diferentes dentro y fuera del continente, y es lo que ha impulsado a la cantante afrodescendiente sueca, Neneh Cherry, a crear Fonko, una serie documental que se ha sumado a las cientos de iniciativas culturales surgidas en los últimos años con el fin de mostrar una “otra África”: una África más urbana, un tanto superficial a ratos, pero tremendamente profunda (y dolida), que dialoga y se entiende mucho mejor con Occidente. Este resurgir, que algunos llaman el renacimiento africano, se produce por una necesidad: la de enseñar al mundo cuan diferente es el continente de lo que se ha contado de él.
Los que están dentro quieren demostrar que saben vivir a la altura de un mundo globalizado, y los que estamos fuera (diáspora) simplemente ponemos el altavoz. Lo que está claro es que todos estamos en el mismo carro y empujamos hacia una misma dirección.
Seguramente Neneh Cherry sea consciente de que los músicos son una voz muy potente en este proceso de resurrección y que la ciudad es el sitio donde pasan las cosas. Por eso se aventuró a narrar este viaje musical por Dakar (Senegal), Lagos (Nigeria), Accra (Ghana), Jo-burg (Sudáfrica), Luanda (Angola) y Uagadugú (Burkina Faso); para poner el altavoz a los músicos que empiezan a proclamar que su trabajo no tiene nada que ver con la idea de música tradicional, sino que es contemporáneo y excitante, haciendo el equilibrio, casi perfecto, entre tradición y modernidad. Fonko, que en idioma wolof significa “cuidar del prójimo”, ha querido plasmar a esta generación de artistas, a los creadores de “las nuevas músicas”, a una generación que, en cierta manera, siente orgullo al ver que lo que crean choca de frente con los prejuicios y estereotipos a los que está asociado este vasto continente, porque eso significaría que están consiguiendo su propósito.
En Fonko se habla de la gran revolución musical que hoy en día se está produciendo en el continente africano, pero nosotros preferimos hablar de evolución o transformación porque la música siempre ha estado presente en África. Y con ello no negamos que el impulso musical actual sea mayor gracias a Internet y las nuevas tecnologías. Este es un fenómeno inevitable, sobre todo en las urbes que crecen a un ritmo vertiginoso, con gran caos, donde la modernidad y tradición se han combinado con las múltiples formas de vida para dar lugar a nuevos lifestyles asociados a ritmos musicales como el ozonto, kuduro, el shangaan electro o el hiplife.
En Radio Africa Magazine os proponemos un periplo musical alternativo al de Fonko; un viaje por las mismas ciudades, pero remarcando que lo que pasa hoy en día no deja de ser evolución. Así, miramos al pasado, al presente y quizás también al futuro, a través algunos artistas, movimientos y propuestas musicales.
Lagos: “Thank God We Are Not a Nigerians”
© Tay Iwar
Sarah Ardite | Viviendo en el continente, una se da cuenta de que la presencia e influencia de la enorme cultura nigeriana va más allá de sus propias fronteras. El tema de los FOKN Bois que pone título a este apartado explica de forma divertida como es percibido lo nigeriano en Ghana. Lo gracioso es que no todo el mundo lo ve igual y los FKON Bois han tenido como respuesta un “Thank God We Are Not Ghanaians” por parte de un músico (anónimo) nigeriano molesto (canción igual o más divertida que la original). Y es que Nigeria es un gigante en lo que a producción literaria, cinematográfica, musical, artística y del enterteinment business se refiere. Lagos es el centro neurálgico de todo eso; una especie de cruce de caminos entre los ciento setenta millones de personas que habitan el país. Es una ciudad que todavía no conozco personalmente, pero los que viven o han nacido allí siempre cuentan que Lagos, aparte de ser uno de los atascos más infernales del planeta, es un punto de encuentro y de lanzamientos musicales muy potentes, como fueron los de Brymo, Asa o Nneka.
Una vez superada la fase Afro Beat y Afro Pop, en estos momentos, Lagos propone ritmos propios como el R&B afrocéntrico de Yela o la talentosa Kaline. La escena musical alternativa actual cuenta con gran cantidad de músicos como pueden ser Falana (que ha introducido el cajón flamenco en sus vidas), el folk de Ranti, el popero en Pidgin English, Johnny Drille, o las delicias de Lindsey Abudei, Aramide y Mosa. Pero como Lagos es tan grande, aquí os dejamos con algunos nombres más, todavía emergentes, que seguro darán mucho que hablar: Oyinda, Omar, Ese Peters, Vicktor Taiwo, Nana Aisha y Tay Iwar.
Accra: Del Highlife al hiplife, pasando por el ozonto
© Accradotaltradio
Tania Adam | Accra, seguramente sea la capital musical del África Occidental desde que apareció por allí el highlife (“buena vida”), a mediados del siglo pasado. Se trata de un estilo adoptado por “el pueblo”; una mezcla entre los sonidos de las orquestas coloniales y los ritmos tradicionales que se extendió por los países vecinos, sobre todo los anglófonos. Las raíces de este estilo se sitúan en los años 20 del siglo pasado; nacen de una mezcla de jazz, sonidos religiosos, canciones de los marinos y músicas militares mezcladas con los sonidos más ancestrales.
El highlife representa una de las primeras formas de fusión entre la música africana y la occidental y es uno de los estilos más importantes del continente. Una música de transmisión de sentimientos y de cotidianidad, que no tardó en poner en el mapa a gente como Frypongo and his cubanos Fiestas, E.T. Mensah and His Tempos Band, Le pionner Pino, Soul to Soul o Ebo Taylor entre muchos otros. Esta es la música que suscribió la primera emancipación del estado colonial, ya que Ghana fue el primer país africano en conseguir la independencia (1957), bajo la liderazgo de Kwame Nkrumah, el pionero del panafricanismo cultural. Nkrumah entendió como nadie la necesidad de trasformar las orquestras clásicas en espacios donde se tenían que integrar las tradiciones locales y las culturas vernáculas. A día de hoy, estas bandas, lejos de quedarse en el olvido, se han ido recuperando a través de discográficas occidentales o proyectos como Awasome Tapes from Africa que, poco a poco, han vuelto a resituar a este pequeño país en mapa musical del continente.
Pero como en cualquier otro lugar del planeta, la globalización llegó, y con ella, la fusión y apropiación de los sonidos más urbanos (hip hop, el R’n’B o la electrónica) con los locales, sustituyendo la pasión popular del Highlife o el Palwine por el Hiplife o el Ozonto. El Hiplife, también nombrado como el hiphop de Ghana, tiene fuertes influencias de dancehall y reggae. El Ozonto es más bien un baile con samplers pegadizos donde abundan movimientos de imitación de pasos de la vida cotidiana; gestos de lavar platos, barrer… Coreografías de la comunidad pesquera de James Town que han llegado a Londres, Berlín o a París y que predominan en las pistas de baile cuando Djs como Benjamin Lebrave (creador Akwaaba Music) quieren hacer mover los esqueletos.
Accra, que es la única ciudad del continente que cuenta con la revista TimeOut, también cuenta con una escena underground, abanderada de proyectos como Accradotalt, el Sabolai Radio Music Festival o artistas como Wanlov the Kubolor, M3NSA, King Ayisoba, Gyedu-Blay Ambolley, Kyekyeku, o los FOKN Bois. Pero sea la escena popular, mainstream o underground, uno no puede dudar que en este país de 28 millones de habitantes, en el que se hablan 11 lenguas y donde existe una gran diversidad cultural interna (como en muchos países africanos), existe una extensa cultura musical donde el baile tiene fuerza porque forma parte de la vida, de lo cotidiano, al contrario que en occidente, donde la música está reservada para momentos y espacios muy determinados.
Jo-burg me suena
Sarah Ardite | La ciudad de Jo´burg, aún no siendo ninguna de las tres capitales de Sudáfrica, es el centro de la mayor parte de la producción musical y artística del país. En esta metrópolis donde las relaciones humanas todavía están marcadas por un pasado muy presente, la música sirve de idioma común capaz de romper barreras, atravesar muros de seguridad y crear puentes entre todos las personas de la Rainbow Nation.
La escena musical de Johannesburgo nunca ha sido más variopinta y rica como en estos días: los youngsters con sintetizadores, samplers y mezcladoras han descubierto que el garaje o el cuarto trasero de su casa es todo lo que necesitan para poder hacer música. Si eso lo unimos a la herencia de sus ritmos tradicionales (Jazz, Kwaito y House ), el resultado es una movida musical alternativa formada por grupos como The Brother Moves On; un colectivo de músicos y artistas creado por Nkululeko Mthembu y su hermano Siyabonga Mthembu que son unos maestros de la improvisación.
Otras bandas como Kwani Experience y Amandla Freedom Ensemble, juegan con el electro shangan y el rap en sus temas, y el resultado es de lo más fresco. Si hablamos de hip-hoperos con talento, Jay Cubed promete. Se comenta que locales como el Kitcherners, el King Kong or el Great Danes son escenario habitual del folk experimental de The Urban Village o del funk-rock de The Black Jacks. Y aunque Neo Muyanga esté afincado en Ciudad del Cabo, no lo podemos dejar fuera de esto, ya que sigue siendo, en mi opinión, el compositor y músico de referencia de la escena musical más reivindicativa de Sudáfrica, dentro y fuera del país.
Dakar: La cuna del hiphop del África Occidental
© Ryan Kellman
Tania Adam | Probablemente, cuando se habla de música senegalesa la mente tiende a bifurcarse hacía dos direcciones: una de ritmos tradicionales mezclados con pop como el M’balax, abanderada por el músico Youssou N’dour, y la otra es un lifestyle, un modus vivendi abanderado por el hiphop que simboliza el presente y tal vez, el futuro. Este movimiento urbano se ha asentado en Senegal como en ningún otro país africano: prensa, blogs y documentales llevan años hablando de este fenómeno y hoy en día poco queda por decir que no se haya dicho. A pesar ello, si hablamos de música en Dakar, no podemos obviar el hiphop ya que forma parte de su ADN, y precisamente documentales como 100% Gasel, African undergruound: hiphop en Senegal, Democracy in Dakar o Dakar RapCity retratan ese vínculo entre la ciudadanía y el rap.
Dakar, Rap City (Trailer -Warning) from Claire Harbage on Vimeo.
Y es que Dakar es una ciudad muy cultural, donde la religión respira pero no ahoga, y donde la cultura se palpa y empapa. La música siempre ha estado muy presente, porque la cultura mandinga, donde los griots son los portadores de sabiduría y, como no, de música, está en su sangre.
Esta ciudad es, sin lugar a dudas, una de las capitales musicales del continente donde la cultura urbana que se lleva gestando desde los ’80 ha traspasado sus fronteras. Además, lejos de fomentar la imagen de “malotes” donde lo coches, pistolas y chicas estereotipadas están omnipresentes, lo que pretende es impulsar un cambio social; los MC’s no sólo son poetas urbanos, sino activistas que a través de sus letras en wolof pretenden movilizar a todo un pueblo. Por eso no es de extrañar que exista un noticiario rapeado – Rapped News -, que surjan iniciativas como Africulturban, que se formen un colectivo – Y’En a Marre – para echar a un presidente (Abdoulaye Wade) y que se creen proyectos como AURA (Artistes Unis pour le Rap Africain) o GOTAL (Unidad, en wolof) . No se podría esperar menos de un país que ha tenido un presidente poeta (Léopold Sédar Senghor, 1960-1980), y donde el actual ministro de cultura es un músico (Youssou N’dour).
Podríamos pasar horas y horas escuchando hiphop senegalés sin tener que repetir ni una sola canción. La lista de raperos senegaleses es interminable, desde los más veteranos como Didier Awadi, Fou Malade, Matador, Xuman, Keyti, Daara J.Akon, o Duggy Tee pasando por las voces femeninas como Sister Fa, Toussa Senerap o Fatim hasta los más actuales: Pps the Writah, Nitdoff, Canabasse, Simon... Y como en cualquier otra parte del mundo, el rap y el hiphop no son sólo género musicales: son una esperanza, un estilo de vida –un tanto juvenil- y un negocio del que vive mucha gente.
Grupos senegaleses de ayer y de hoy que merece la pena investigar: Baaba Maal, Ismaël Lô, Africando, Cheikh N’Digel Lô, Orchestra Baobab, Thione Seck, Ismaila Touré, Etoile de Dakar, Mansour Sek, Nuru Kane, Positive Black Soul, Super Cayor de Dakar, Salam, Kokoura, Kine Lam, Fatow Guewel, Laba Soseh…
RapVoluçao en Luanda
Sarah Ardite | Es bien sabido que Luanda rezuma música por todas sus esquinas. No es de extrañar pues, que el deporte nacional en esta ciudad sea salir a “farrear” y a “curtir” (disfrutar de la vida), en un ambiente generalizado de armonía y amabilidad , donde expresarse a través de la música y el baile es bastante común.
Detrás de la cortina de acero formada por la línea de rascacielos de lujo que recorre la bahía de Luanda, viven unos cuantos millones de personas presas de un sistema que no les sirve: sin agua corriente, ni electricidad, ni saneamiento urbano, salir a vivir cada día supone una verdadera “luta”. De ahí surge la revolución actual de Luanda, la RapVoluçao: un colectivo femenino de raperas formado por The Miss Skills, Vanda Mâe Grande, Khris Mc, Kendra Martins y Eva Rap Diva que, como Aline Frazao describe en “Rimar como uma minina”: ‘(…) Riman y reivindican su lugar en la sociedad, cuentan historias de otras mujeres, no tienen miedo de ser quienes son, no necesitan la aprobación del status quo masculino… Es una verdadera bomba, fiel al espíritu fundador del propio movimiento. Es el hip-hop más vivo, más actual y más vanguardista (…)”
Ellas, junto con Girinha, Winny e Zanda y los ya consolidados Zona Cinco, Calibrados, Father Mek, Kid Mc, Brigadeiro Dez Pacotes MCK e Ikonoclasta, son los fundamentos del nuevo Rap angoleño. Pero la del rap no es la única revolución del panorama alternativo musical de Luanda.
Esa mezcla de electro techno, house, semba, samples y raps surgido en las “musseques”, llamada Kuduro (culo duro), es una nueva forma de reivindicarse: es música, danza, moda, un lenguaje nuevo (Tá me picar…), una nueva identidad cosmopolita. El Kuduro es un ejemplo más de la fuerza invisible de transformación que tiene la música. Todos los días surgen nuevos Kuduristas que vale la pena escuchar: Na Grelha, Puto Prata, Puto Lilás, Elenco da Paz, Os Kalunga Mata, Sbem, Toni Amado, Familha do Show, Bombani King, Small, Celso de Oliveira, Noite e Dia, Fofandó, Papa Sueguer, Bruno King, Rei Panda, Carliteira Titica, Sacerdote …y tantos más.
El resto de géneros musicales continúa muy vivo en Luanda: Paulo Flores sigue deleitándonos con Sembas y Kizombas inmortales, y las novedades de cantantes como Toty Samed, Gari Sinedima, Jack Nkanga, Irina Vasconcelos, Selda, Coca o Farai Sem Mobile y Ndaka yo Wini, están dando mucho que hablar y bailar estos días…
Uagadugú: Discreción musical a la sombra de Sankara
Tania Adam | Pocos son los lugares que cuentan con personajes que se apropian de ellos y de sus oriundos. Burkina Faso es uno de esos lugares, ya que vive bajo la sombra de su primer presidente, Thomas Isidore Noël Sankara (Uagadugú, 1949 -1987), también conocido como el Che Guevara africano. Su espíritu, propagado por las calles de Uagadugú con sus ideas revolucionarias y su conciencia luchadora para eliminar la corrupción y las injusticias (un mal que invade no sólo su país, sino a todo el continente), le han convertido en un icono. Y como si del evangelio se tratara, es prácticamente imposible hablar de este discreto país del África Occidental sin nombrarle. Y es que Sankara no sólo promovió la “Revolución democrática y popular” sino que también fue un enamorado de la música. Su formación, Tout-à-Coup Jazz, fue de las muchas bandas que surgieron tras la independencia como plan para reactivar las culturas locales.
Pero mucho ha llovido desde su desaparición y la “La tierra de la gente íntegra” (significado de Burkina Faso en Mossi y Djula), no ha destacado precisamente por haber generado grandes nombres en la música. A pesar de ello, esta siempre ha estado ahí, y el fantasma de Sankara ha pervivido en las letras de los jóvenes de hoy que se sirven de sus discursos para mostrar su inconformidad con la marcha política y social de su país. A pesar de los referentes a nivel internacional, en Uagadugú, Ouaga para los amigos(la capital del país), pasan cosas interesantes y se mueven grupos como los destacables Art Melody y en concreto a su “Wogdog Blues – Ouagadougou blues” (Akwaaba music, 2013)
Art Melody abandera el hiphop más underground de la tierra; es un rapero con fuerza, que cuestiona su entorno, describe la tristeza y la melancolía de un pueblo africano que resisten la pobreza, la enfermedad, el oscurantismo y la guerra diaria. En el panorama más tradicional destacamos a Victor Demé un músico de “toda la vida” que consiguió la fama y el reconocimiento de las discográficas occidentales a una edad tardía y se convirtió en la gran promesa de la música tradicional y de la guitarra de Burkina Faso. Una promesa que nos dejó demasiado pronto, a los 53 años de edad.
Como en cualquier ciudad africana (y del mundo) el hiphop está a la orden del día, y aparecen grupos como setas que juegan con voces procesadas y distorsionados que nadan entre el entre hiphop y electrónica, y que llenan las pistas de baile. Pero a diferencia de Senegal, el hiphop en Burkina Faso no llega a ser tan combativo (ese papel lo desempeña el Reggae, muy popular en el país). No hay grandes nombres y los que hay no destacan por su calidad musical, sin embargo Malika La Slameuse sobresale por su tratamiento especial de la música y los mensajes que transmite.
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El presente artículo se ha elaborado en el marco de colaboración con el In-Edit. Festival Internacional de Cine Documental.
Tania Adam (Maputo, 1979) | fundadora & editora-jefa. Gestora cultural, licenciada en Administración y Dirección de Empresas, está especializada en cultura contemporánea africana, inmigraciones e interculturalidad. Desarrolla proyectos culturales, de sensibilización y desarrollo relacionados con el continente africano y el fomento de las formas y prácticas culturales de procedencia no occidental. Seleccionando música, Tania es Safura. Contacto: tania@radioafricamagazine.com | @TaniaSafuraAdam
Sarah Ardite (Barcelona, 1972) | coordinación de contenidos de música, danza contemporánes y sesiones de dj. Activista cultural e impulsora de proyectos musicales como los Afro-Latin Sundays en Ciudad del Cabo, ha colaborado con Pan African Space Station en Sudáfrica. Entusiasta de los ritmos afro-latinos, ha trabajado en la difusión de la cultura y la música afro-lusófona. Sus sesiones de DJ son un viaje sonoro por las músicas de raíz de los orígenes más diversos. Máster en Ciencias Políticas y consultora en Tecnologías de la Información. Contacto: sarah@radioafricamagazine.com
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